ITINERARIO: Castañar de Ibor – Camino de las Hontanillas – Canchos de la Majahilla – Castañar de Ibor.
Exuberante vegetación y un aperitivo de fósiles
Son las nueve de las mañana, hace un día estupendo, salimos del hostal Solaire, por el camino de las Hontanillas, subimos un tramo y a la derecha nos internamos en los castañares.
La primavera está en su punto álgido y los castaños ya cubiertos con sus hojas recién estrenadas nos cobijan. Más adelanten vamos a dejar este camino, y nos internamos en el monte, las veredas que los animales salvajes han hecho a base de transitar todos los días, nos sirven de guía, la vegetación es exuberante, las retamas alcanzan gran altura, y no nos dejan ver, las madroñas nos enseñan sus incipientes frutos, hay gran cantidad de peonias, espino albar, esparragueras silvestres, zarzas y muchos pimpollos, toda una sinfonía vegetal de alta montaña, de vez en cuando algún esqueleto arbóreo ennegrecido, nos hace recordar el pavoroso incendi
o del año 2005, como la naturaleza se regenera y se repone a estos atentados es asombroso. ¡Ojalá nunca más tengamos que vivir esta experiencia!.
Algunos regatos que vamos encontrando, nos indican el nacimiento de varías fuentes, entre ellas Fuente La Cesta.
Más adelante en la bajada de una pedrera, encontramos unas paredes, están muy destruidas, pero se puede apreciar una forma circular, quizás sean los restos de un castro celta, en medio del círculo hay un enorme pedrusco, en la base de éste, un agujero en la tierra, nos hace sospechar que puede haber una cueva debajo.
Seguimos adelante, monte a través, hasta llegar a la base de los Canchos de la Asomailla, parecen pequeños desde lejos, pero son de dimensiones considerables. Los vamos abordando y rodeando, los ojos muy abiertos, por lo que podamos encontrar. Una pequeña cueva nos llama la atención, las paredes tienen rugosidades muy curiosas, ¿serán fósiles?, en un pequeño entrante y medio escondido, podemos apreciar una mancha rojiza, parece una pintura, también vemos un nido muy pequeño apoyado en un saliente, la vida se abre paso en cualquier sitio.
Seguimos rodeando los enormes canchos y subimos hasta arriba, el panorama mejora, incluso se ve Navalvillar, pero lo que verdaderamente nos llama la atención son las piedras con fósiles que encontramos, cada vez nos asombramos más de las cosas que guarda nuestra tierra.
Allí, rodeados de estas rocas, reponemos fuerzas para emprender la bajada, que esta vez no va a ser tan complicada, como la subida. Bajamos en línea recta, atravesamos algún olivar y salimos a la carretera de Navalvillar. En La Fuente La Cesta, hacemos otra parada y nos refrescamos con su agua, para llegar de nuevo a Castañar de Ibor.

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